Un médico de corazón
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21/08/2023 - Arturo Vergara, el juninense que adoptó a Bolívar para desarrollar su profesión como cardiólogo. Llegó en épocas de Capredoni, visualizó el desarrollo y evolución de la cardiología. Se vinculó con Favaloro y lo trajo en dos ocasiones a la localidad.
La historia del Arturo Vergara con la medicina se remonta a sus primeros años de vida y está intrínsicamente ligada a su familia. Su padre era médico y cuando tan solo tenía solo dos años, salía en el auto, abrazado a su cuello, a ver a sus pacientes. “Ya desde muy pequeño iba a ver a los enfermos con mi padre. Una vez, lo encandiló el sol de una mañana de invierno en la ciudad de Junín, de donde soy nativo, y chocó contra un acoplado parado, golpeando yo contra el tablero y perdiendo el conocimiento. Cuando me desperté, estaba en un boliche donde me estaban reanimando”, relató a modo de anécdota de aquellos años.
El doctor Arturo Vergara se recibió de médico en Córdoba. En Buenos Baires y La Plata, en ese entonces, había un año de pre médico para ingresar a medicina, entonces, “como en Córdoba, que no estaba ese año previo, pero si estaba lejos, en ese momento, eran doce horas de viaje en colectivo, decidí estudiar ahí. Me recibí y me gustaba mucho la cardiología, porque en la catedra de medicina interna del cuarto año, nos enseñaron muy bien esa disciplina y me fui a hacer residencia al hospital Ramos Mejía en Buenos Aires porque en Córdoba no había y sólo se podía en Buenos Aires”.
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Terminada la residencia en el hospital de Buenos Aires, estaba la posibilidad de volver a Junín; pero fue su propio padre el que le propuso venir a esta ciudad. “Me dijo de venir a Bolívar, donde estaba Capredoni, un amigo de mi padre con quien estudió junto. Así fue que llegué a trabajar acá, en ese tiempo, no había cardiólogos”, recordó el doctor.
Vergara, conocía a Bolívar de pasada a Mar del Plata, y ya tenía ese aire característico de las palmeras. “Acá me tenían como un hijo, me trataron muy bien, muy cómodo, por eso, Bolívar fue mi segundo origen. Ahora ya no se hace; pero 50 años atrás, se estilaba saludar a los colegas que estaban en la ciudad, así que fui a saludar a Capredoni, quien me dijo que fuera a saludar a todos los colegas como Ravassi, Angulo, Gasparri, Zaccardi, De La Fuente, entre otros. Poco a poco, se fue agrandando el círculo de conocidos por mi profesión y recuerdo que, en los primeros tiempos, veía un paciente por semana. Pero después empezó el boca a boca y cambió ese número. Además, iba por camino de tierra a Urdampilleta, Pirovano hasta Daireaux y a veces, llegaba a Henderson”.
A través del doctor Vergara, René Favaloro visitó Bolívar. Ambos facultativos, tenían una relación sin ningún tipo de interés personal. “Lo conocí en los congresos, de los pacientes y, sinceramente, cuando apareció Favaloro cambió todo, porque la cardiología era una cosa elemental. Él, modernizó todo con ese bypass, el stent y ahora, los marcapasos; pero Favaloro generó un cambio notorio”.
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Vergara, siguiendo con la relación de Favaloro, recordó que el primer paciente de Bolívar que se operó con Vergara, fue el número 9 de Favaloro, “así que fuimos haciendo una relación de afecto y amistad, llegando a conocer la estructura de la construcción de su Fundación cuando no tenía aparatología, me la enseñó por dentro, donde sólo había unas líneas pintadas de tres colores, que indicaba por donde debía circular el médico, el enfermo y el paciente. Era un hombre muy cordial, siempre que yo iba para allá, al sanatorio Güemes donde creo que contrataba un piso entero, siempre me preguntaba por el campo, por la cosecha, como está la gente. Así fue que tuve la fortuna y el honor de que viniera a Bolívar. Fueron dos veces, en el año 1971 y en 1973 ó 1975. Dio charlas para los médicos, conoció la clínica San Cayetano y también disertó para la comunidad, vino con sus equipos de ayudantes y hasta en los momentos de distención, jugamos al fútbol. Para mí y para Bolívar fue un honor su presencia”.
Vergara, consideró que Favaloro es un emblema. “Fue un hombre íntegro que se sacrificó por su profesión y por sus pacientes, que realmente los apreciaba, como así también a sus colegas, a quienes además respetaba. Era muy modesto, de bajo perfil, incluso era muy lector, se levantaba a las cinco de la mañana a visitar a sus pacientes en las unidades coronarias que empezaron a surgir cuando vino él, en esa hemodinamia que empezaron a hacerse con la coronariografía, cosa que heredamos de los urólogos porque el catéter que usa el urólogo para la vejiga, un cardiólogo de Estados Unidos se hizo un cateterismo él solo y subió tres pisos del ascensor para sacarse una radiografía con el catéter en el corazón, para documentar que se podía hacer el cateterismo cardíaco. Esto me lo contó Favaloro”, sacó de su memoria Vergara.
Más adelante, siguió su relato, “vinieron los catéteres preformados, uno para la coronaria derecha y otra para la izquierda; pero este último, apenas sale, se divide en otra más; pero en realidad son dos coronarias. Por eso que al ver esas unidades coronarias en lo de Favaloro, los monitores, los cateterismos que se hacían en ese momento, nada que ver con la actualidad. Antes, al paciente se lo ponía en una sala de rayos que se adaptaba para hacer ese estudio, tenía que respirar muy hondo, ponerse de costado y era todo muy difícil. El tubo de rayos se adaptaba para el paciente para poder enfocar bien la coronaria, era muy distinto todo. Antes se hacían dos cateterismos a la mañana y dos más a la tarde, ahora se hacen siete, ocho o los que uno quiera”.
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Con relación a los cambios que hubo en cardiología con el correr del tiempo, Vergara no dudó en afirmar que “hubo un giro de 180 grados porque en un primer momento era todo muy elemental y rudimentario y, de golpe, todo avanzó a grandes pasos, sobre todo, con el intervencionismo cardiológico, entonces, se empezaron a operar a pacientes, se inventó el corazón - pulmón artificial que se le conectaba al paciente cuando este tenía que operarse, cuando se paraba el corazón en frío para poder trabajar y después, había que reactivar ese corazón, con solución fisiológica tibia para ver si arrancaba porque había corazones que estaban tan afectados, que corrían riesgo de no salir y eso se le advertía a la familia que podía suceder. Después se fueron descubriendo e inyectando sustancias menos agresivas y actualmente está la TAVI, que significa trasplante aórtico valvular intravascular, es decir, antes al paciente que tenía una válvula aortica que estaba cerrada, se la reemplazaba por una prótesis metálica o una válvula de cerdo del tejido nervioso que permitía no usar antibióticos. Antes, había que ir a Brasil y después te operaban a la vuelta de la esquina, también llegaron las unidades coronarias móviles y los traslados de pacientes coronarios. Yo cuando me tocaba trasladar, me fumaba un atado de cigarrillos por el stress que no le pasara nad,a ya que iba algo inestable en su cuadro clínico, con los familiares del paciente acompañándonos en su auto, así que era toda una aventura”.
Muchos de estos avances en el área de cardiología se deben al doctor René Favaloro. Vergara sostuvo que su llegada “fue un golpe de luz para, no solamente Argentina, sino para toda Latinoamérica, porque venían pacientes de todos lados, hasta de otros lugares del mundo”, cerró el doctor de corazón.